viernes, 27 de junio de 2008

Cuando Dios llamó a mi puerta

Cuando Dios llamó a mi puerta

Cuando yo era niño, llamó Dios a la puerta de mi corazón. En aquella temprana etapa vivía tan absorto en los juegos de la infancia que no presté atención a sus palabras lejanas. Años después volvió Dios a visitarme. Esta vez golpeó con la fuerza de sus nudillos la puerta de mi corazón. Aún recuerdo su voz, pero me asediaban los problemas de la juventud: mi primer amor, los estudios y el ejercicio de diversas cualidades destacables. También en la madurez vino Dios, pero me resultaba imposible escuchar; no encontraba el momento oportuno para responder a su llamada. Poco antes de morir, estando sumido en las preocupaciones sobre la inminencia del más allá, abrí la rendija de mi puerta para buscar respuestas ante tanta incertidumbre. Me quedé estupefacto: un hombre de cabellos blancos como la nieve y ojos refulgentes permanecía sentado junto a mi endeble corazón. Me acerqué a él y le pregunté qué deseaba.Yo soy Dios", me dijo. "Llevo aquí sentado durante toda tu vida para traerte un mensaje de felicidad". Entonces, mis manos acogieron una misión maravillosa que pude disfrutar sólo unos momentos antes de morir.

  • José Alcázar Godoy

Lucas el ladrón

Lucas el ladrón
Lucas era un magnífico ladrón. Nunca nadie pudo descubrir sus fechorías. Era altivo y cruel, y tenía un corazón de piedra.
Un día, Lucas decidió robar la corona del corazón de Jesús, venerado en una iglesia de la ciudad.
La corona, más que por su calidad, era valiosa por la antigüedad y porque formaba parte de una imagen muy querida por todos los habitantes del lugar.
La singularidad de esta imagen radicaba en la postura de los brazos, cerrados en un abrazo sobre el divino corazón.
Lucas se adentró silente en el templo, protegido por la tiniebla de la noche. La luna y las estrellas asistían aterrorizadas a la fechoría que iba a consumarse.
Enseguida, Lucas se irguió junto a la imagen y asió la corona con las manos.
Pero en ese preciso instante, Jesús estrechó con sus brazos a Lucas, apretándolo contra su corazón.-
"¡Qué situación tan terrible!", gritó el ladrón. "No puedo soltarme de este abrazo. Al amanecer vendrán los fieles y llamarán a la policía, y seré para siempre encarcelado".
Los ojos de Lucas miraban a escasos centímetros el rostro del Señor. En el abrazo, su corazón comenzó a calentarse con el fuego del corazón de Jesús, operándose un profundo y decisivo cambio interior.
El se acercó a Jesús con codicia, y Jesús lo abrazaba con amor. Y unas lágrimas brotaron del corazón arrepentido del ladrón, que volvió a poner la corona en su lugar.Mientras todo esto sucedía, el Señor abrió los brazos y lo bendijo.
Entonces, Lucas se marchó. Mientras caminaba, un extraño fenómeno sucedía a su paso: todo quedaba iluminado con el fuego que ardía en su corazón.
Y en el firmamento, la luna y las estrellas lo saludaban sonriendo.
José Alcázar Godoy