sábado, 31 de marzo de 2007

Mensajes para el alma (1)










 Mensajes para el alma


La fe es la manera de tener lo que esperamos, el medio para conocer lo que no vemos. (Hebreos 11, 1)

Para llegar a Dios hay que pasar por los demás porque son ellos los destinatarios de nuestras acciones.

El hombre que amablemente le muestra el camino al que anda perdido, hace como si le encendiese una luz, y ésta no le ilumina menos por ello (Ennio).

Quien ha hecho del amor a Dios la plenitud de su vida no puede hacer más que entregarla, necesariamente, al servicio de los hermanos, sin poner condiciones ni buscar agradecinientos.

El amor propio es un árbol en el que sólo crecen frutos de muerte: flores muertas, hojas secas, ramas torcidas, y su tronco es golpeado por toda clase de vientos (Catalina de Siena).

Necesitamos, de vez en cuando, dejar de lado nuestras preocupaciones diarias y reflexionar sobre el estado de nuestra alma. Necesitamos retirarnos de todos los cuidados y asuntos innecesarios (Teresa de Ávila).

¿Alguna vez escuchaste el silencio? En él flotan las más dulces palabras, las que sólo puede escuchar el corazón.

Cuando el dolor nos visite, agradezcamos a Dios el privilegio de convivir un tiempo con el mejor maestro de la humanidad, el que nos enseña a crecer.

Ten fuerza para dar fuerza.Ten coraje para dar coraje. Ten ánimo para dar ánimo. Ten amor para dar y recibir amor.

Da una mano para sostener a tus hermanos y jamás te faltarán manos que te ayuden.

Quien ama, perdona; quien perdona de verdad, olvida; quien olvida la ofensa, alivia su corazón.

El amor lo supera todo; pero las obligaciones cumplidas, son el amor puesto en práctica.
Gladys

¡¡Sonríe, Dios te ama!!





Apostolado de la sonrisa

Basta levantar una leve sonrisa en tus labios, para levantar el corazón de los otros; para mantener el buen humor; para conservar la paz del alma; para ayudar a la salud; para embellecer tu cara; para despertar buenos sentimientos; para inspirar generosas obras.
Sonríe hasta que notes que tu constante seriedady severidad se hayan desvanecido.Sonríe hasta entibiar tu propio corazón con ese rayo de sol que es tu sonrisa. Sonríe e irradia tu sonrisa a tu alrededor; esa sonrisa tiene muchos trabajos que hacer; ponla al servicio del apostolado, es decir, al servicio de Dios y de tu prójimo.
Sonríe, pues esa sonrisa tiene muchos trabajos que hacer; ponla al servicio de Dios. Tú puedes ser un apóstol de Dios, un instrumento en las manos de Dios por medio de tu sonrisa. Sonríe a los tristes, para que se alegren. Sonríe a los tímidos, para que se animen. Sonríe a los amigos, para que gocen. Sonríe a los jóvenes para que se entusiasmen. Sonríe a los ancianos, para que conserven la esperanza. Sonríe en tu familia, para crear un ambiente de agrado. Sonríe en tus penas para disiparlas.
Sonríe en las pruebas, para hacerlas meritorias. Sonríe en tus soledades, para que las acompañes. Deja que todos se alegren con la simpatía y belleza de tu cara sonriente.
Cuenta, si puedes, el número de sonrisas que has distribuído entre los demás cada día; su número te indicará cuantas veces has promovido contento, alegría, satisfacción, ánimo o confianza en el corazon de los demás.
La influencia de tu sonrisa puede obrar maravillas que quizá tú mismo no puedas reconocer.
Tu sonrisa puede llevar esperanza y abrir horizontes a los agobiados, a los deprimidos, a los descorazonados, a los tentados y a los desesperados.
Tu sonrisa puede ser el primer paso que lleve a los demás a la fe y a los brazos de Dios. Sonríe a Dios, mientras aceptas todo lo que El te permite.
Sonríe a los hombres en tu trato diario con ellos.
Sonríete a ti mismo en cada momento de tu vida.


Padre Alfonso Milagro
(Meditando la Vida)

¡¡Magnífica manera de perder el tiempo!!

Saber perder el tiempo


Una afirmación dice: hay que saber perder el tiempo.
Indudablemente que hoy se pierde el tiempo, y eso es algo paradójico en nuestros días en los que todo el mundo está apurado, todo el mundo saturado de ocupaciones y obligaciones sociales, personales y de trabajo.
Sin embargo, ¡cuánto tiempo se pierde inútilmente!
De todos modos, deseo hablarte de un modo de saber perder el tiempo, de un modo de perder el tiempo, pero no inútilmente, sino muy eficazmente.
¿Sabes cuál es? Escuchar al que viene a nosotros exponiendo su problema, y que viene a nosotros precisamente en el instante menos apropiado para nosotros, o cuando nosotros nos encontrábamos precisamente menos dispuestos anímicamente.
El que viene a nosotros para desahogarse de algo que interiormente le tortura, de algo que le oprime; el que quiere volcar su pena en nosotros, porque ya sus fuerzas desfallecen y precisa que alguien le dé una palabra de aliento; el que va buscando un consejo para saber obrar en determinada circunstancia; el que necesita saber si va bien por tal o cual camino, y cien y mil casos más ... todos esos prójimos nuestros tienen derecho a que nosotros los escuchemos, perdamos el tiempo con ellos, aún a costa de algunas ocupaciones nuestras que pueden esperar, y aún a costa de que se aumente en nosotros la carga emocional que ya pesaba sobre nuestra conciencia por los asuntos personales o del hogar.
¡Qué poco cuesta hacer el bien cuando uno se lo propone!
Con más frecuencia nos angustia el mal que hacemos y, en cambio, poco nos preocupamos por el bien que no hacemos.
Sin embargo, no sabe cuánto bien hace el que no hace el mal; pero tampoco sabe cuánto mal hace el que no hace el bien.
Y cuánto bien dejamos de hacer, simplemente porque no nos lo proponemos. Es la actitud de los brazos cruzados, de los brazos caídos, es el echarse en la poltrona de la inacción.
Abre tu corazón al que sufre; escucha al que te quiere hablar; aconseja a quien acude a ; comprende al que se desvía; acompaña al que sufre soledad.
¿Eso es perder tiempo? Sí, eso es perder magníficamente el tiempo, y perder magníficamente el tiempo es la mejor forma de aprovecharlo.

Alfonso Milagro
(Meditando la Vida)


Ese es el mejor tiempo perdido, seamos el faro, siempre prendido, para que todos nuestros hermanos, necesitados de nosotros no se pierdan en las tormentas de la vida, que lleguen a tierra firme, guiados por esa pequeña luz, que puede ser nuestra ayuda, nuestro consejo, nuestro aliento. Y a esos hermanos les digo: "No nos desanimemos, no bajemos los brazos, que el HOMBRE más grande del mundo, murió con los brazos abiertos, para abrazarnos a todos".
Besotes.
Gladys.

domingo, 25 de marzo de 2007





Canción del hombre nuevo


Qué triste debe ser llegar a viejo
con el alma y las manos sin gastar.
Qué triste integridad la del pellejo
que nunca se jugó por los demás.
Qué triste debe ser tener de todo
si hay tantos que se venden por un pan.
Qué triste soledad de cualquier modo la que nace de la desigualdad.


Por eso estoy aquí, cantando,
por eso estoy aquí, soñando,
(con el hombre feliz,
el hombre nuevo, el hombre que le debo a mi país)2


Qué lindo que es tender siempre la mano
y saber que es posible la amistad.
Qué lindo procurar para mi hermano
lo mismo que procuro yo alcanzar.
Qué lindo que es morirse con los otros
detrás de lo inhumano de un jornal.
Qué lindo que es perderse en el nosotros
y juntos desde el pueblo trabajar.


Por eso estoy aquí, cantando
por eso estoy aquí soñando,
(con el hombre feliz,
el hombre nuevo, el hombre que le debo a mi país)2

¡¡La qué hemos pasado juntos!!



Compartir el dolor



Si a pesar de nuestra súplica insistente, tenemos un problema serio que no se resuelve, podemos seguir confiando y esperando.
Pero también podemos descubrir que ese problema tiene una función en mi vida, que ese dolor puede ser también una misión que Dios me da.
La Biblia nos habla de pruebas que nos llevan a crecer, que nos impiden quedarnos en la comodidad de lo que ya logramos en la vida.
Hay dolores que son parte de los medios que Dios nos regala, para que hagamos un camino de crecimiento y no nos estanquemos.
Nosotros podemos considerarnos pacientes y fuertes, porque estamos habituados a soportar determinado tipo de pruebas, pero el verdadero desafío es cuando aparecen pruebas diferentes, y tenemos que aprender a soportarlas y superarlas.
Cristo nos invita a la paciencia y a la fortaleza, virtudes que nunca podríamos ejercitar ni hacer crecer si no tuviéramos problemas y dificultades. Pero nos dice también que la paciencia en la prueba nos prepara para nuevas y profundas alegrías.
Hay cosas que no son propiamente un pecado, pero nos han encerrado y poseído de tal manera que nos quitan la alegría y el entusiasmo de la fe, y entonces llega el momento de "entregarlas" al Señor, dispuestos a perderlas si Él ve que nos van a destruir.
No significa que por esa entrega el Señor me quitará eso que yo amo.
Viviendo la libertad de entregarlo, comienzo a gozarlo sin tanto apego, sin miedos, y vuelve la alegría.
Así, al final de la vida, podremos decirle al Señor con una sonrisa: "¡Las que hemos pasado juntos!

Víctor Manuel Fernández. (Recopilado del libro "Cómo recuperar tu alegría)


¡ Señor, las qué hemos pasado juntos!... ¿Te acordás, cuando mi nieto Andrés, justo el día anterior a su undécimo cumple, sufrió un derrame cerebral?Y yo fui a reclamarte, frente al Sagrario, por su salud, te pregunté: ¿Dónde estabas cuando eso pasó?. ¿Por qué no lo cuidaste?. ¿Es qué acaso no me amas?. Yo te di mi vida entera y ¿Así me pagas?
Que injusta fui, Señor ¿quién soy yo, para reprocharte nada?. Allí comprendí... que entregándote mi dolor, tú me aliviaste la pena, me diste consuelo, me devolviste la calma, me diste paz, para así poder acompañar a mi hija en su dolor, haciéndome la fuerte. Cuando el neurocirujano salio de la sala de cirugía, dijo: "Lo salvamos por un cachito así". Ese "cachito" lo pusiste vos, Señor!!. Lo más importante fue que me ¡¡devolviste a mi nieto!!
¡¡La qué hemos pasado juntos!! Te amo, Señor, no abandones la obra de tus manos. Gladys