Dios, estuve tanto tiempo buscándote!
No sabia dónde estabas. Miraba hacia el infinito y no te veía.
Intentaba encontrarte en las religiones y en los templos.
Tampoco estabas ahí.
Te busqué a través de los sacerdotes y pastores; tampoco te encontré.
Me sentí solo, vacío, desesperado y descreído.
En el descreimiento te ofendí, y en la ofensa tropecé; en la caída me sentí débil; débil busqué auxilio; en el auxilio hallé amigos, en los amigos encontré cariño, en el cariño vi nacer el amor.
En el amor encontré un mundo nuevo, y en el mundo nuevo resolví vivir.
Lo que recibí decidí dar, y dando alguna cosa, mucho recibí.
Y recibiendo me sentí feliz, y al ser feliz encontré la paz...
Y sintiéndome en paz fue como descubrí que en mi interior era donde estabas.
¡Y sin buscarte fue cómo te hallé!
Anónimo